
Sin duda, el tiempo es esa dimensión desconocida que marca el ritmo de nuestras vidas y nos recuerda, en todo momento, lo escurridizo que puede ser si no sabemos entenderlo, aprovecharlo y por supuesto, disfrutarlo.
Desde filósofos, científicos, artistas han tratado de darle una definición a ese intangible y silencioso compañero de vida que, con su paso, deja momentos de plena felicidad o tristeza, de regocijo y melancolía. Para algunos, es una medida de cambio; comparándolo como un metal precioso «el tiempo es oro», como dicen de los abuelos. Sin embargo, hay quienes, lo definen como una lucha constante que mueve al mundo a su antojo y sin pedir permiso ¡Vaya tiempo!.
A lo largo de nuestro caminar terrenal, se dice que vamos escribiendo nuestra vida en una línea de tiempo, y que en determinados momentos nos arriesgamos a hipotecarlo por las «prisas» de la vida, que llegan conforme va pasando el tiempo. Todas estas definiciones en cierto modo tienen sentido y razón de ser. Sin embargo, tal vez no sea necesario detenernos a buscar una definición concreta, porque el tiempo no se detendrá a esperarnos; él sigue su curso, sutil y ligero, como arena que se escurre entre los dedos y se pierde en el viento. No pretendas detenerlo que puedes perderte en el intento. Mejor aprende a aprovecharlo, optimizarlo y verlo pasar sin la nostalgia de lo pendiente, sino con la confianza de haberlo disfrutado.
Al final, cada persona tiene su propia definición, interpretación y verdad de lo que representa, pero coinciden en que las horas, los días y los años dejan una cantidad infinita de instantes que perduran en nuestro ser, no por el tiempo que duran, sino por la intensidad con la que se viven y aprovechan. Somos pasajeros del tiempo, y mientras dure ese trayecto, disfruta del paisaje. Haz pausas de vez en cuando para observar lo que has recorrido. Prioriza, planifica y organiza tus caminos. Aprende de lo vivido y recuerda las enseñanzas que te va dejando, al final enseña a otros, que al igual que tú en algún momento sentirán miedo e incertidumbre por lo que desconocen, orienta su camino para darle más claridad a su andar, se dice que: «Los años son como las estrellas; cuantos más son, más claro es el camino».
Escribimos la vida en el tiempo y nos arriesgamos a hipotecarlo cuando llega la llamada de las prisas
Los años son como las estrellas cuantos más son más claro es el camino
Nada es definitivo. Todo es una cadena de fases, etapas y temporadas. Tú pones el ritmo. A pesar de los obstáculos, mantén firme el objetivo; es lo que te mantendrá en pie, dispuesto a continuar a pesar de cada tropiezo o resbalón. Recuerda, el tiempo no va más a prisa ni más lento para nadie; marca el mismo compás para todos. Somos nosotros quienes, a veces, caemos en la desesperación de un momento, sin disfrutar ese instante que por pequeño y fugaz ya forma parte de nuestra historia. Viaja a tu ritmo, solo tú sabes lo que has recorrido, las batallas que has librado para estar en el punto en el que te encuentras, solo tu conoces las heridas, cicatrices y los amores que te han acompañado.
Recuerda que es imposible tratar de vencerlo, guardarlo o almacenarlo. «El alma no lleva reloj», es un flujo permanente, silencioso, místico y complejo que contribuye a la madurez de nuestro cuerpo y alma envolviendo cada instante en la medida perfecta de placer y dolor. Valora los momentos, planifica con sabiduría, mantén firme un propósito, aprende de los errores, no te aceleres por llegar más rápido, ni te estanques en la nostalgia de lo que pudo ser. No podremos controlar el tiempo pero si decidir como lo queremos vivir.